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La opinión de un Sanador sobre el SIDA

 

 

Todos somos un sistema de energía. La energía fluye a través de nuestro ser y está dirigida por nuestra conciencia. Cuando estamos sanos o en equilibrio, la energía circula de forma fluida.

El flujo de energía está regulado por siete centros de energía, llamados chakras.

Cualquier enfermedad o afección puede describirse como un estado de desequilibrio. El SIDA (o ser VIH seropositivo) es un estado de desequilibrio que afecta el sistema inmunológico. El sistema inmunológico está gobernado o controlado por la glándula del timo, la cual, a su vez, está regulada por el chakra del corazón. El chakra del corazón es aquella parte de nuestro sistema de energía que afecta y es afectado por nuestras percepciones del amor.

El SIDA, por lo tanto, es un estado de desequilibrio que de alguna manera está relacionado con la percepción del amor del individuo.

La enfermedad empezó entre aquellos miembros de nuestra sociedad cuyos estilos de vida les crearon un sentido de separación de los que amaban. Sin el amor que necesitaban, y sin ver ninguna salida a su dilema, esas personas decidieron en un momento determinado que preferían morir. Entonces su sistema inmunológico se deterioró tanto que sus deseos se pudieron llevar a cabo.

Entre los miembros de la comunidad homosexual, la determinación de afirmar la libertad de expresión sexual estaba acompañada de una necesidad de ocultar sus preferencias sexuales a sus padres, a sus compañeros de trabajo y a los miembros de la comunidad heterosexual en general, por miedo a no ser aceptados, a no ser amados.

Con las actitudes puritanas generalizadas en la comunidad heterosexual, los temores fueron a menudo justificados, pero la situación también creó en muchos miembros de la comunidad gay una no-aceptación de ellos mismos, se veían de una forma donde se juzgaban a ellos mismos, lo que estimulaba aún más un carácter reafirmante para el ejercicio de sus preferencias sexuales, con una demanda más fuerte de aceptación.

Sin su propia aceptación, no obstante, tendrían dificultad en reconocer la aceptación de los demás. Permanecería la sospecha de que los demás les estarían juzgando, de la misma manera que se juzgaban a ellos mismos.

En la comunidad Haitiana, la dura ley marcial impuesta por los dictadores Duvalier creó una atmósfera de sospecha y temor, incluso entre miembros de una misma familia, ensombreciendo el amor. Entonces allí también apareció el SIDA.

También los drogadictos, los que fueron afectados, estuvieron viviendo bajo estilos de vida que los separaron de los que amaban, y por ello cerraron sus corazones. Sus hijos , al no encontrar el amor que necesitaban, también empezaron a morir - otra vez por falta de amor. Cuando estos niños fueron a escuelas públicas, fueron separados, excluidos, y otra vez, no amados - porque estaban enfermos!

Tenían miedo y los padres de los niños sanos pidieron que los niños con SIDA fueran expulsados de las escuelas. Entonces, hubo más no-aceptación.

Nuestras percepciones crean nuestra realidad. Podemos decir que aquellos que desarrollaron SIDA tenían la percepción de no ser amados. Aquella percepción fue alimentada y reforzada, y esas personas fueron capaces de afirmar aún más sus creencias básicas de que no eran amadas, y demostrarse a ellos mismos que era verdad. Entonces se preguntaron: ¿Para qué seguir viviendo?

La respuesta de muchos que no se percibían ellos mismos como amados fue no amar, y entonces el chakra del corazón se cerró aún más y más, afectando la glándula del timo y el sistema inmunológico.

Nuestra sociedad creó el SIDA para mostrarnos que necesitamos amar más. Hemos entrado en la Era de Acuario, la era del chakra del corazón. Como conciencia planetaria hemos entrado en una era en la que ya no tiene sentido pensar en términos separatistas, o en términos de conflicto. Estamos obligados a pensar en términos de cooperación, en términos de lo que podemos hacer para ayudar a los demás, en términos de amor, en términos de servicio.

Es obvio, por ejemplo, que no podíamos decir a Rusia que Chernobyl era solamente problema suyo. Hemos visto que acontecimientos que suceden en un país pueden afectar a otros países, o incluso al planeta entero. Nos hemos visto obligados a pensar en términos globales, y en realidad ya hemos empezado a hacerlo.

El SIDA, como cualquier otro estado de desequilibrio, se puede curar. Lo que se necesita es amor.

A un joven de San Francisco que había desarrollado SIDA se le aplicó una terapia radical, que dio marcha atrás a los efectos de su enfermedad y resultó en su recuperación. Tuvo que andar por las calles llevando globos, siendo obviamente diferente, y cuando los que pasaban por allí lo miraban, tenía que darles una tarjeta que decía: “Te quiero”.

Al principio se sintió muy llamativo. El segundo día fue más fácil. Hacia el tercer día realmente sentía el amor por aquellos otros Seres que lo estaban viendo como diferente y también se sintió amado, incluso con sus diferencias. Sanó.

Louise Hay, una extraordinaria sanadora americana, ha tenido mucho éxito sanando el SIDA por medio de centrarse en los aspectos de perdón y autoaceptación, usando terapias enfatizando estas cualidades. Sus éxitos muestran la efectividad de este enfoque del corazón. Es la persona de las que he oído hablar, que más éxito ha tenido con pacientes de SIDA.

En la experiencia de este escritor en relación a las sanaciones de pacientes de SIDA, el factor sistemático fue el desequilibrio del chakra del corazón, y la pobre calidad de las relaciones personales en sus vidas. A un joven que fue capaz de abrirse para recibir amor durante una sanación, su doctor le dijo más tarde que no tenía SIDA, simplemente una infección general causada por un hongo, conocido como Candida. A otra persona que se recuperó de SIDA, su doctor le dijo que la diagnosis original tenía que haber sido un error.

Las personas se pueden recuperar del SIDA cuando aprenden a reconocer el amor, y a hacerle confianza, y situarse ellos mismos en relaciones que sean de alimentación en lugar de castigo. Aprenden a aceptarse ellos mismos e incluso a aceptar los que no les aceptan.

Con la aceptación, con amor, el chakra del corazón puede volver a funcionar con normalidad, restaurando la fuerza en la glándula del timo, y por lo tanto al sistema inmunológico. El individuo puede entonces decidir que hay algo por lo que vivir, ya que hay amor en su vida. El flujo de energía se restaura, resultando en un retorno a la experiencia de plenitud que conocemos como salud.

Somos Seres de energía. Cuando bloqueamos o interrumpimos el flujo de esta energía, el resultado es una enfermedad o una lesión. A veces esto sucede como una petición de amor.

Todos tenemos la habilidad de restaurar el flujo de energía, y proveer una abundancia de amor en donde había una percepción de falta de amor. Cuando hacemos esto, sucede una sanación.

Es imperativo ahora que mantengamos nuestros corazones abiertos y reemplacemos los juicios por aceptación. Es vital que aprendamos a amar aún más, y nos permitamos a nosotros mismos ser amados. Debemos acercarnos en nuestras relaciones y usar la comunicación para aclarar malentendidos y desacuerdos. Cuando podamos mantenernos en un ambiente de amor, tendremos un efecto positivo a nuestro alrededor, un efecto sanador.

Con nuestros corazones abiertos para amar todo lo que nos rodea, y aceptándonos plenamente a nosotros mismos, no estaremos creando las condiciones en las que el SIDA se desarrolla.

La respuesta es aceptación. La respuesta es amor.

© Copyright Martin Brofman 1990

 

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